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EL GRÁFICO
El Gráfico: Work
A una mujer le cayó un poste de luz encima y ahora no es más que un cuerpo desmembrado en medio de Santa Fe. Pobre, se libró del Audi que se subió a la banqueta a gran velocidad para esquivar a un ciclista, pero no se escapo del poste con el que chocó.
Le tocó morirse justo a la hora de la comida. A esa hora salen todos los oficinistas del aire recirculado de sus cubículos para orearse con smog y fritanga. Si de entrada ya es un caos esa hora, con una muerta bloqueando el tráfico habrá retrasos y bilis derramada por más de una secretaria que se le hará tarde.
A todos los fisgones les cuesta admitir que su morbo solo alienta el tráfico. Aprecian la ruptura de la monotonía que alimenta al Mordor de los Godínez.
Su muerte sucedió en un lugar muy público. A los albañiles les tocó ver todo. Desde el chillido de las llantas del carro intentando frenar, hasta el pequeño último estirón que dio la pierna de la mujer antes de dejar éste plano. Una vez pasados los eventos procedieron a sacar sus tortas, abrir una coca, y discutir lo sucedido mientras veían el caos emergente.
La doña del puesto de los tacos de canasta que estaban justo enfrente de la construcción, ya con su buen numero de comensales, fue la que le llamó a la policía. Ésta se tardó una media hora en acordonar el lugar y procesar al dueño del Audi, que sufrió una ligera contractura en el cuello.
Los carros siguen, los oficinistas terminan de comer, los albañiles regresaron a la obra y la policía cubrió el cuerpo en espera de los agentes del ministerio.
El día siguiente hubo un extraño sentimiento de orgullo por todos aquellos que habían presenciado la escena. La imagen del cuerpo sin vida de la mujer adornaba la portada del diario El gráfico con el encabezado “Entre el Audi y la pared”. La monotonía se había roto, aunque fuera por un día.
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